En medio de las inclemencias del riguroso invierno subantártico, una de las historias de restauración ecológica más emblemáticas del océano Austral sigue presentando resultados concretos. Científicos y guardaparques en la isla Macquarie han reanudado las inspecciones en el campo para evaluar la recolonización del petrel gris (Procellaria cinerea), una especie de ave marina que había desaparecido por completo de la isla en el siglo pasado debido al impacto devastador de mamíferos depredadores y herbívoros introducidos por la acción humana.
Los trabajos de monitoreo realizados durante la temporada de invierno constituyen la primera ronda exhaustiva de investigaciones en los sitios de nidificación de la especie desde 2018. La iniciativa forma parte del Programa de Monitoreo de la Vida Silvestre de la Isla Macquarie, llevado a cabo de manera colaborativa entre la División Antártica Australiana (AAD) y el Servicio de Parques y Vida Silvestre de Tasmania (PWS).
Reproducción singular durante el invierno subantártico
A diferencia de la mayoría de las aves marinas que habitan el océano Austral —que concentran sus ciclos reproductivos en los meses más apacibles del verano—, el petrel gris adopta una estrategia biológica inusual y altamente adaptada al frío extremo. La especie se reproduce exclusivamente durante el invierno, enfrentándose a nevadas, lluvia congelante y vientos ininterrumpidos característicos de las latitudes subantárticas para alimentar y proteger a sus polluelos.
El ciclo biológico del ave en la isla Macquarie comienza en el otoño austral, cuando las hembras ponen un solo huevo entre marzo y abril. La eclosión ocurre generalmente entre mayo y junio. A partir de entonces, los polluelos permanecen resguardados en el interior de madrigueras subterráneas durante más de 100 días, período en el que son alimentados con regularidad por sus progenitores hasta que completan el emplumado y están listos para volar, lo que ocurre durante la primavera.
Además de su relevancia directa para la biodiversidad avifaunística, los petreles grises desempeñan una función ecológica estructurante para el ecosistema terrestre de la isla. Al cazar en mar abierto y regresar a tierra firme para la crianza de sus polluelos, las aves actúan como verdaderos puentes de transferencia de nutrientes marinos, enriqueciendo el suelo de las laderas y las comunidades vegetales costeras a través de excrementos y restos orgánicos.
Historial de declive y restauración del hábitat
Registros históricos demuestran que, a comienzos del siglo XX, los petreles grises eran aves ampliamente distribuidas por la isla Macquarie, aunque ya se consideraban raras hacia 1911. La presión acumulada ejercida por depredadores introducidos —como gatos asilvestrados (Felis catus) y ratas— y la alteración drástica del hábitat causada por conejos llevaron a la desaparición total de la especie como reproductora en la región a lo largo de las décadas siguientes.
El primer indicio documentado del retorno del petrel gris ocurrió en 1999. El regreso de la especie coincidió directamente con los programas intensivos de control y posterior erradicación completa de los gatos asilvestrados, ejecutados por equipos de guardaparques del PWS de Tasmania.
Posteriormente, el éxito de la recuperación poblacional cobró un nuevo impulso con el Proyecto de Erradicación de Plagas de la Isla Macquarie, una operación a gran escala liderada en conjunto por el PWS y la AAD que eliminó definitivamente las poblaciones invasoras de conejos, ratas y ratones. Este esfuerzo conjunto generó múltiples beneficios ecológicos:
- Eliminación de la depredación directa: La erradicación de las ratas extinguió la pérdida de huevos y polluelos recién nacidos en el interior de los nidos subterráneos;
- Fin de la competencia por madrigueras: Sin la presencia de conejos disputando hoyos en el suelo, los petreles recuperaron espacios adecuados para la excavación y el refugio;
- Recuperación de la vegetación nativa: La ausencia de pastoreo destructivo permitió la regeneración de las densas matas de pasto (vegetación de tussock), esenciales para estabilizar laderas y proporcionar cobertura contra las inclemencias del tiempo.
Metodología de campo y esfuerzo continuo
El trabajo actual en la isla es ejecutado por un equipo especializado compuesto por la bióloga de vida silvestre de la División Antártica Australiana, la Dra. Sarah-Lena Reinhold, la guardaparques de vida silvestre Karina Sorrell y la guardaparques jefa Gemma Rushton. El proceso de muestreo exige un elevado esfuerzo físico y la adaptación a condiciones meteorológicas severas.
Para mapear los nidos activos, las investigadoras recorren laderas empinadas y se arrastran entre la vegetación densa y embarrada durante las pocas horas de luz natural disponibles en el invierno. El diagnóstico del interior de las madrigueras se realiza con la ayuda de cámaras endoscópicas específicas para inspección subterránea (burrow scopes), lo que permite al equipo registrar con precisión la actividad reproductiva, verificar la presencia de adultos en incubación y monitorear el desarrollo seguro de los polluelos sin causar disturbios excesivos en el hábitat.
Las expediciones actuales forman parte de un programa de monitoreo continuo que se extenderá durante los próximos años. El objetivo principal es consolidar una estimación poblacional actualizada para toda la isla Macquarie, lo que permitirá trazar tendencias demográficas fundamentadas para dar soporte a estrategias globales de conservación, incluidos los compromisos establecidos por el Acuerdo sobre la Conservación de Albatros y Petreles (ACAP).
Amenazas globales aún presentes
A pesar del panorama prometedor observado en el santuario terrestre de la isla Macquarie, el petrel gris sigue siendo vulnerable a riesgos significativos cuando se desplaza en alta mar a lo largo de su distribución geográfica.
La captura incidental en la pesca comercial de palangre (longline) figura históricamente como una de las principales fuentes de mortalidad de aves marinas adultas en el océano Austral. Además, las alteraciones climáticas globales están transformando las condiciones oceanográficas y modificando la distribución espacial de sus presas, mientras que la contaminación marina por residuos plásticos impone riesgos constantes de ingestión de detritos y contaminación.
Expertos señalan que el éxito en Macquarie refuerza la eficacia de las intervenciones de erradicación de especies invasoras en islas oceánicas, pero destacan que la conservación a largo plazo del petrel gris depende de manera impostergable de medidas complementarias en el mar, incluida la mitigación de la captura incidental (bycatch) pesquera y el combate contra la degradación ambiental marina.





