Impacto de la gripe aviar en ecosistemas remotos
Científicos del Programa Antártico Australiano (AAP) finalizaron recientemente una investigación detallada sobre la presencia de la gripe aviar de alta patogenicidad (H5N1, clado 2.3.4.4b) en las islas Heard y McDonald, un territorio externo de Australia ubicado en el océano Antártico. Los datos, recopilados durante expediciones realizadas entre octubre de 2025 y enero de 2026, revelan un panorama preocupante para la fauna local, con elevadas tasas de mortalidad en diversas especies de vertebrados.
Hechos confirmados y evidencias de laboratorio
El análisis de laboratorio, llevado a cabo por el Centro Australiano de Preparación para Enfermedades (CSIRO), confirmó la presencia del virus en seis de las nueve especies evaluadas. Entre los animales que dieron positivo a la cepa H5N1 se encuentran el elefante marino del sur, el pingüino rey, el pingüino papúa, el lobo marino antártico y el petrel buceador de Georgia del Sur. La introducción del virus en la región se atribuye, según análisis genéticos preliminares, al movimiento de fauna silvestre procedente de las islas Crozet, en Francia, con una llegada estimada en agosto de 2025.
El monitoreo con drones fue fundamental para el relevamiento. En la isla Heard, las estimaciones señalan una mortalidad de aproximadamente 13 mil crías de elefante marino, lo que representa cerca del 76% de la producción total de crías, con áreas específicas que alcanzaron picos del 97% de mortalidad. En enero de 2026, la presencia del virus se detectó también en la isla McDonald, aunque, debido a su estatus de protección y a la dificultad de acceso, no fue posible realizar recolecciones de laboratorio en el lugar para una confirmación física.
Observaciones y limitaciones de la investigación
Además de los elefantes marinos, se observaron cientos de pingüinos rey adultos muertos. Aunque el número representa una proporción menor de la población total, la tasa de mortalidad se consideró por encima de los niveles normales esperados. Por otro lado, no se detectaron señales de mortalidad inusual en especies como el albatros, el cormorán de la isla Heard o el picovaina de cara negra (black-faced sheathbill).
Es importante destacar que los resultados presentados por el equipo liderado por la bióloga Dra. Julie McInnes y por el Dr. Jarrod Hodgson aún no han sido revisados por pares, aunque un borrador preliminar (preprint) ya está disponible en la plataforma BioRxiv. Los investigadores enfatizan que los datos se recopilaron en ventanas de tiempo cortas, lo que limita la comprensión sobre la dispersión continua del virus tras el período de observación. El Programa Antártico Australiano sigue monitoreando el Territorio Antártico Australiano y la isla Macquarie, donde, hasta el momento, no se han registrado casos sospechosos.
Tecnología al servicio de la conservación
El uso de drones permitió a los científicos realizar 120 vuelos, cubriendo más de 1.600 km, además de búsquedas terrestres a lo largo de 300 km de extensión. Esta tecnología fue esencial para acceder a lugares inhóspitos, como acantilados e islas remotas, minimizando la perturbación humana en las colonias de reproducción y permitiendo un conteo preciso de carcasas dispersas en áreas de alta densidad poblacional.





